Con diferencia, la televisión es el medio de comunicación más extendido. La televisión es la verdad de nuestra cultura, refleja lo que somos. Su ritmo pauta nuestro tiempo: marca la hora de comer, de dormir y los momentos de relax.
Decir que la televisión miente, deforma o enmascara la realidad sería quedarse corto. El carácter engañoso de la televisión radica no en lo que transmite, sino en el modo en el que lo transmite, ya que aunque lo que emite sea veraz, el tratamiento, la forma como lo expresa crea una nueva estructura de la realidad.
La televisión es considerada como una "ventana abierta al mundo", a través del cual éste nos resulta accesible y cercano: podemos conocer lo que pasa en cualquier parte e incluso asistir a su avenir. La televisión nos permite abrirnos al exterior, facilitando la intercomunicación. Aunque esto quizá no sea del todo verdad, puesto que la intimidad gira en torno a la televisión, dando la denominación de sala de estar al lugar allí donde se encuentre. Esa "ventana abierta al mundo" acaba siendo el eje de la vida privada. El mundo, al entrar en casa por la televisión, acaba perdiendo lo que tiene de público, pasando a engrosar la decoración hogareña, quedando sujeto a la pulsación del zapping.
No hay comentarios:
Publicar un comentario